martes, 30 de diciembre de 2008

Sobre la violencia sobre la mujer...

Continuando con mi anterior exposición, en este asunto he querido ahondar un poco más y meter el dedo directamente en la llaga y, sabiendo que mucha gente estará en mi contra, quiero realizar una pequeña crítica constructiva a la regulación legal sobre violencia doméstica y sobre violencia sobre la mujer.
Antes que nada quiero manifestar que estoy en contra de todo tipo de violencia, por lo que debe rechazarse, querido lector, toda opinión que pueda conllevar a una creencia de rechazo a la protección de los ciudadanos contra la violencia.
Realmente, el motivo de esta crítica es la pésima redacción legislativa. Tenemos una ley de violencia doméstica que protege a las personas con quienes hay una relación de afectividad o convivencia y la ley de protección integral sobre las mujeres, que además de crear un tribunal específico que entenderá de las acciones punibles, discrimina positivamente a las mujeres e impone sanciones algo más graves a sus actores.
Y digo yo: realmente es necesaria esta ley que discrimina positivamente a un colectivo y otorga un enjuiciamiento especial en atención al sujeto pasivo que padece tal acción típica penal? Muchas personas contestarían afirmativamente, manifestando que la mujer siempre ha estado discriminada y hasta hace muy poco se le han reconocido sus propios derechos.
Sobre esto quiero indicar, que, si bien es cierto que hubo un tiempo no muy lejano en el que la mujer, por circunstancias históricas, ha estado privada de sus derechos, en la actualidad, se está intentando corregir tal irregularidad de manera que poco a poco haya una completa equiparación de derechos. Pero la publicación de esa legislación es una aberración, pues intentando proteger a un colectivo se discrimina otro, y la cuestión alarmante viene cuando estamos tratando de derechos constitucionales de los individuos.
Verán, tenía una profesora que decía que las buenas leyes están hechas para durar en el tiempo, y la razón por la que considero que esta ley no está bien hecha, al igual que tantas otras que ya iremos comentando más adelante, es que para la protección de unos castigaremos más a otros, y para la protección de estos últimos? Pues nada, enjuiciamiento normal y "a correr". 
En vez de marear la perdiz y crear juzgados sin sentido, deberían ampliar los ya existentes (que son bastantes), simplificar el enjuiciamiento criminal mediante la promulgación de una nueva LECr (ya que la vigente es de 1882) y sobretodo, en materia de violencia doméstica, malos tratos, endurecer e igualar a los sujetos en condiciones de acuerdo un principio constitucional que hemos de tener todos presente: El principio de igualdad (14 CE - "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.")

Nota: Tengo presente que nuestro Tribunal Constitucional ha establecido excepciones a este principio de igualdad, permitiendo discriminación positiva. Ahora bien, entiendo que esa permisión deberá depender en cierta medida de cada supuesto de hecho, pero que no debería habilitarse para la creación de una ley que discrimina a las mujeres y les otorga un status de protección que podría suponer, en muchos supuestos, una vulneración de sus derechos mediante un abuso de los mismos.

Por cierto, ya que estamos hablando de la igualdad.... Si alguien le ve alguna utilidad al Ministerio de Igualdad creado por el Presidente que tenemos ahora que me lo diga, siempre y cuando sea diferente a la creencia que sólo supone más gastos para el Estado.

Saludos y hasta pronto.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Sobre la violencia...

Tiempo hace ya que no escribía algo de tanta magnitud, hablando desde una perspectiva fuera de profesional, y la verdad, lo empezaba a echar de menos y quiero inaugurar este blog con un tema que en lo personal me preocupa en exceso: la violencia.
La violencia se puede definir como aquel atentado o ejercicio de acción que pueda ocasionar un perjuicio a otra persona, ya sea en su integridad física, psíquica o moral, pudiendo haber obtenido su consentimiento de forma libre o coaccionada.
Como mis lectores ya sabrán, existen varios tipos de violencia: física, psíquica, contra el feto, doméstica, etc.
La Revolución Francesa, además de todo lo que conllevó (en cuyos detalles obviaré entrar ahora), supuso la liberalización de un pueblo oprimido intentando consagrar los principios de igualdad y libertad, rompiendo así con el régimen anterior, piramidal, estamental. No obstante, a lo largo de la historia de la humanidad han habido ciertas connotaciones, pero ciertamente no ha sido hasta finales del siglo XIX cuando se ha empezado a conceptualizar una idea de derechos inherentes a la persona y que se han ido consolidando en muchos Estados a lo largo del siglo XX, a pesar de esas confrontaciones bélicas que existieron durante todo ese siglo.
Desde el punto de vista español, ese camino iniciado hace ya tanto tiempo a nivel europeo, se ha consolidado con el cambio democrático que se ha dado con el inicio de la democracia y, en mayor medida, con la publicación de nuestra Constitución (que este año ha cumplido las tres décadas), así como tantas otras normas internacionales suscritas por nuestro país a partir de la su entrada en la Comunidad Europea (por cierto, interesante desarrollo tienen los derechos fundamentales en la normativa europea). Todo ello, ha llegado a consolidar el Estado de Social y Democrático de Derecho que se fundamenta en el respeto de los derechos fundamentales de las personas. Si, unos derechos reconocidos en una Carta Magna de las que unos inconscientes rechazan y resulta que son el pilar de que puedan ejercer sus propios derechos y los cargos que ostentan (ya saben a quien me refiero - pero otro día me ocuparé de esos asuntos-).
El tema que me motiva a inaugurar este blog es la violencia, esa violencia que ha estado patente en la historia de la humanidad y por mucha protección social y de derecho que haya, siempre estará patente pues forma parte del comportamiento humano-animal.
Pero ¿qué es lo que nos motiva a actuar de una forma violenta, de tal manera que no seamos capaces de identificar a unas personas iguales, a personas con las que nos une un grado de afectividad e incluso de parentesco?
El modo de educación de la persona dirían algunos, el entorno social dirían otros, la enajenación mental podrían decir otros (el más utilizado en muchos casos), y así podríamos estar dando tantas respuestas como sujetos o supuestos de hecho tengamos. Tal vez nuestros compañeros psicólogos y de psicología criminal nos podrían dar algunas más específicas, pero son cuestiones que no se pueden generalizar y desde mi punto de vista no son justificables en ningún sentido.
Últimamente, el Estado ha intentado erradicar la violencia mediante su tipificación en la legislación y además, ha tenido una humanización de las penas que condenan tales actos, apostando por la resocialización de las personas y la supresión de la pena de muerte y en muchas legislaciones de la cadena perpetua, todo con ánimo de intentar constreñir a las personas de la no comisión de delitos o faltas que atenten contra los derechos de otras personas. Buenas palabras me vienen a la memoria de un profesor de teoría del derecho que considero que pueden ser remarcadas: Mis derechos como persona finalizan cuando empiezan los de los demás. Frase que podríamos estar horas y horas debatiendo y tal vez nos centremos en ella otro día.
Entonces, con un sistema de protección de las vidas e integridades físicas, ¿cómo puede ser que en pleno siglo XXI tengamos comportamientos de tiempos antiguos? ¿Es que no hemos evolucionado? Consideran que los motivos religiosos (guerra santa y disputas religiosas) o políticos (casos de terroristas) que han sido motivo de disputas y guerras en épocas anteriores son susceptibles de volver a ellas ahora? ¿Cómo es posible que teniendo la consolidación de unos principios de igualdad y derecho a la vida pueda salir de la propia persona (hombre o mujer) atentar contra otra persona? No me refiero a la violencia doméstica, sino en todos los sentidos, pero ciertamente, la violencia doméstica es mucho más grave de lo que parece. ¿Es necesario que rompamos el derecho a la vida y le pongamos una excepción al mismo y volver a habilitar la pena capital? ¿Tenemos que aplicar un endurecimiento de las penas?
Saquen sus conclusiones, pero, sin perjuicio de algún endurecimiento de alguna que otra pena, que su regulación es penosa (como sucede con muchas leyes que se están aplicando en este país), creo que la materia se debe ceñir en la educación de las personas, afectando a todos los educadores, empezando por los padres y acabando por las redes sociales.
Porque sin perjuicio de la libertad de pensamiento de cada individuo, la persona no es mala por su naturaleza, sino que lo aprende. Sino miren a un niño o niña recién nacido, se comportará de una manera u otra en función del grado de educación que le implantemos.

Gracias por su atención y hasta pronto.