sábado, 6 de diciembre de 2008

Sobre la violencia...

Tiempo hace ya que no escribía algo de tanta magnitud, hablando desde una perspectiva fuera de profesional, y la verdad, lo empezaba a echar de menos y quiero inaugurar este blog con un tema que en lo personal me preocupa en exceso: la violencia.
La violencia se puede definir como aquel atentado o ejercicio de acción que pueda ocasionar un perjuicio a otra persona, ya sea en su integridad física, psíquica o moral, pudiendo haber obtenido su consentimiento de forma libre o coaccionada.
Como mis lectores ya sabrán, existen varios tipos de violencia: física, psíquica, contra el feto, doméstica, etc.
La Revolución Francesa, además de todo lo que conllevó (en cuyos detalles obviaré entrar ahora), supuso la liberalización de un pueblo oprimido intentando consagrar los principios de igualdad y libertad, rompiendo así con el régimen anterior, piramidal, estamental. No obstante, a lo largo de la historia de la humanidad han habido ciertas connotaciones, pero ciertamente no ha sido hasta finales del siglo XIX cuando se ha empezado a conceptualizar una idea de derechos inherentes a la persona y que se han ido consolidando en muchos Estados a lo largo del siglo XX, a pesar de esas confrontaciones bélicas que existieron durante todo ese siglo.
Desde el punto de vista español, ese camino iniciado hace ya tanto tiempo a nivel europeo, se ha consolidado con el cambio democrático que se ha dado con el inicio de la democracia y, en mayor medida, con la publicación de nuestra Constitución (que este año ha cumplido las tres décadas), así como tantas otras normas internacionales suscritas por nuestro país a partir de la su entrada en la Comunidad Europea (por cierto, interesante desarrollo tienen los derechos fundamentales en la normativa europea). Todo ello, ha llegado a consolidar el Estado de Social y Democrático de Derecho que se fundamenta en el respeto de los derechos fundamentales de las personas. Si, unos derechos reconocidos en una Carta Magna de las que unos inconscientes rechazan y resulta que son el pilar de que puedan ejercer sus propios derechos y los cargos que ostentan (ya saben a quien me refiero - pero otro día me ocuparé de esos asuntos-).
El tema que me motiva a inaugurar este blog es la violencia, esa violencia que ha estado patente en la historia de la humanidad y por mucha protección social y de derecho que haya, siempre estará patente pues forma parte del comportamiento humano-animal.
Pero ¿qué es lo que nos motiva a actuar de una forma violenta, de tal manera que no seamos capaces de identificar a unas personas iguales, a personas con las que nos une un grado de afectividad e incluso de parentesco?
El modo de educación de la persona dirían algunos, el entorno social dirían otros, la enajenación mental podrían decir otros (el más utilizado en muchos casos), y así podríamos estar dando tantas respuestas como sujetos o supuestos de hecho tengamos. Tal vez nuestros compañeros psicólogos y de psicología criminal nos podrían dar algunas más específicas, pero son cuestiones que no se pueden generalizar y desde mi punto de vista no son justificables en ningún sentido.
Últimamente, el Estado ha intentado erradicar la violencia mediante su tipificación en la legislación y además, ha tenido una humanización de las penas que condenan tales actos, apostando por la resocialización de las personas y la supresión de la pena de muerte y en muchas legislaciones de la cadena perpetua, todo con ánimo de intentar constreñir a las personas de la no comisión de delitos o faltas que atenten contra los derechos de otras personas. Buenas palabras me vienen a la memoria de un profesor de teoría del derecho que considero que pueden ser remarcadas: Mis derechos como persona finalizan cuando empiezan los de los demás. Frase que podríamos estar horas y horas debatiendo y tal vez nos centremos en ella otro día.
Entonces, con un sistema de protección de las vidas e integridades físicas, ¿cómo puede ser que en pleno siglo XXI tengamos comportamientos de tiempos antiguos? ¿Es que no hemos evolucionado? Consideran que los motivos religiosos (guerra santa y disputas religiosas) o políticos (casos de terroristas) que han sido motivo de disputas y guerras en épocas anteriores son susceptibles de volver a ellas ahora? ¿Cómo es posible que teniendo la consolidación de unos principios de igualdad y derecho a la vida pueda salir de la propia persona (hombre o mujer) atentar contra otra persona? No me refiero a la violencia doméstica, sino en todos los sentidos, pero ciertamente, la violencia doméstica es mucho más grave de lo que parece. ¿Es necesario que rompamos el derecho a la vida y le pongamos una excepción al mismo y volver a habilitar la pena capital? ¿Tenemos que aplicar un endurecimiento de las penas?
Saquen sus conclusiones, pero, sin perjuicio de algún endurecimiento de alguna que otra pena, que su regulación es penosa (como sucede con muchas leyes que se están aplicando en este país), creo que la materia se debe ceñir en la educación de las personas, afectando a todos los educadores, empezando por los padres y acabando por las redes sociales.
Porque sin perjuicio de la libertad de pensamiento de cada individuo, la persona no es mala por su naturaleza, sino que lo aprende. Sino miren a un niño o niña recién nacido, se comportará de una manera u otra en función del grado de educación que le implantemos.

Gracias por su atención y hasta pronto.

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